PINTURAS MÍSTICAS

Cuadros del Dr. H. Spencer Lewis 1.883-1.939 

Primer Imperator del presente ciclo de AMORC 1.915-1.939

Nota: Debido al gran número de cuadros la página puede demorar un  poco en cargar.

                                                                   El Alquimista
Dotado de un profundo pensamiento, Harvey Spencer Lewis era también un excelente pintor que hizo cuadros cuyos temas están estrechamente relacionados con sus intereses. Así, uno de los más antiguos que ha sobrevivido, "Las mil y una noches" (1917), evoca a Oriente. Sin embargo Egipto es para él una fuente de inspiración, y le dedica varios cuadros como "El Ídolo Sagrado" o "La entrada al Templo de Karnak", en Luxor, que pintó "in situ" en 1929 durante un viaje. El esoterismo no está ausente de sus cuadros, como puede observarse en "El Alquimista", el cual completó apenas unos meses antes de su muerte.

                              
Las mil y una noches" (1917)
                        
"El Ídolo Sagrado"
                                                 
                                Entrada al Templo de Karnak (1929)
Este es uno de los cuadros que Harvey Spencer Lewis pintó en su estancia en Egipto, con ocasión de uno de los viajes que realizó a este país en 1929.
Al contrario de lo que ocurre en otras de sus obras dedicadas a Egipto, en esta imagen podemos ver el Templo de Karnak tal cual se encontraba en la época. Incluso se pueden apreciar a visitantes junto a la entrada, lo que también ayuda a establecer las dimensiones reales del Templo


                                             
Pilares del Templo

                                         Escuelas de Misterios
Pintura figurada en la que H. Spencer Lewis escenifíca uno de los postulados más tradicionales del antiguo Egipto, es decir, el de las Escuelas de Misterios.
En la escena podemos observar a un sacerdote (Iniciado) o quizás una autoridad del Templo, ya que lleva una estola bajo el tocado, instruyendo a un joven. En el regazo y sujetado con la mano derecha lleva un pergamino, símbolo de la Tradición.
En el Pronaos varias mujeres están presentes en fila. También se encuentra otro sacerdote que está apoyando su mano sobre el hombro izquierdo del joven, posiblemente como símbolo de su aprobación como candidato a la Iniciación, para el que de momento, no obstante, las puertas del templo permanecen cerradas y custodiadas por el guardián.
No sabemos exactamente en qué época pinto este cuadro H. Spencer Lewis, en el que a todas luces priman más los aspectos simbólicos que los estrictamente históricos.

Momificación
                                                  El Maestro y el discípulo
En esta ocasión traemos este hermoso y simbólico cuadro, realizado probablemente en una época de madurez en todos los planos de H. S. Lewis.
Es quizás uno de sus cuadros más famosos, ya que ha sido reproducido y comentado en numerosas ocasiones a través de todo el mundo. Probablemente el cuadro represente una escena ambientada en la antigua Grecia. Su simbolismo es tremendamente rico y puede ser objeto de meditación profunda. No obstante, intentaremos realizar algunas reflexiones a ese respecto.
En primer lugar H. S. Lewis nos muestra la relación entre el Maestro y el discípulo, tema clásico y central de gran parte de la literatura y cultura esotérica.
El discípulo, es mucho más joven que el Maestro, de hecho es casi un niño. Su túnica blanca evoca la pureza de corazón y la mente virginal, no contaminada por las tendencias mundanas, condiciones necesarias para poder recibir instrucción del Maestro, que viste una túnica casi púrpura, color que representa la transmutación de las pasiones por el fuego alquímico, siendo además el color final de la Gran Obra.
El Maestro transmite una sabiduría ancestral, de tipo espiritual y esotérico, ya que sus pergaminos se encuentran en el lado izquierdo de la escena. La avanzada edad del Maestro, nos hace pensar igualmente en su experiencia de vida, acumulada por los años.
Así mismo, el discípulo sólo podrá comprender verdaderamente su enseñanza, si es iluminada por la luz de la intuición y de la comprensión del alma, que está simbolizada por la lámpara que él sujeta en su mano izquierda. En la mano derecha porta una ánfora, elemento que probablemente contiene aceite, el cual alimenta el fuego de la lámpara.
Evidentemente existen otras interpretaciones, y como en toda obra simbólica, la reflexión y la meditación personales serán las herramientas indispensables para profundizar en su valor y significado.
                                                                En la ventana.
Es un cuadro al óleo, seguramente de una época tardía. En esta obra Harvey Spencer Lewis muestra una escena moderna, llena no obstante de detalles simbólicos, ricos y variados
El protagonista es un anciano que estudia regularmente las grandes obras (en el suelo y apoyadas en la mesa) de aquello que le suscita interés. Podríamos decir que no es por lo tanto un artista, aunque aprecia el arte (tiene varios cuadros en las paredes) sino más bien un intelectual.
No obstante, ha orientado su escritorio hacia una ventana por la que entra la luz del sol (la luz interior) que ilumina su trabajo, y mantiene esta ventana abierta durante las horas de estudio, para que los pájaros de la inspiración acudan a visitarlo.
Él mantiene sus manos en la letra, pero su mirada está en la naturaleza y en la luz divina.
                                                                       Retrato
H. Spencer Lewis gustaba de pintar gente en sus cuadros, y son raros aquellos en los que, de una u otra forma, están vacíos de personas. Además casi siempre nos los muestra realizando alguna acción, incluso cuando en apariencia no están haciendo nada.
En este caso nos encontramos ante un retrato, probablemente pintado en uno de sus viajes a Egipto. Son numerosos los cuadros que esta tierra llena de tradición inspiró a Spencer Lewis. Es una de las pocas escenas, por no decir la única, en la que el protagonista no está realizando nada, a excepción de posar para el artista.
Por su atuendo es alguien importante, incluso puede pertenecer en algún grado a la jerarquía de la vida religiosa islámica, ya que está retratado con una pequeña mezquita al fondo. También podría simbolizar su devoción religiosa. Al fondo pero al otro lado de la escena, podemos apreciar una hermosa mansión árabe, con toda probabilidad propiedad del protagonista. Vestido con sus mejores galas, llama la atención el colgante de color azul en el pecho.

No sabemos la fecha de realización de este cuadro, sin embargo debido al personaje retratado, es probable que fuera realizado durante uno de los viajes de H. Spencer Lewis a Oriente.
La escena es simple y evocadora. En una estancia desprovista de todo objeto y de toda decoración superflua que puedan distraer la atención, un anciano, probablemente judío, sentado en la posición del loto se dispone a estudiar un voluminoso tratado, sin título.
Tanto la posición meditativa como la kipá sobre su cabeza, hacen pensar que el contenido del libro sea de tipo espiritual o religioso. Sin embargo, al parecer la obra está en blanco, lo que podría indicar que el anciano es capaz de leer aquellos libros que nadie puede leer, o de ver lo que otros no ven.
En el ángulo inferior izquierdo el autor dispuso un espacio ornamentado, con toda probabilidad para poner el título de la obra o el nombre del personaje, que finalmente quedó en blanco, aunque cabría preguntarse si, tal y como sucede en el caso del libro, podría ser algo intencionado.
En esta obra H. Spencer Lewis utiliza de nuevo el símbolo del "viejo
sabio", símbolo que ubicó en otras ocasiones en tradiciones religiosas o místicas diferentes, como la romana o la árabe (ver cuadros anteriores).
Sorprende sobremanera el gran tamaño de sus manos, con el cual el autor podría indicar la importancia de los hechos realizados por el protagonista o quizás su realización espiritual.




Interior de una Mezquita



                                                                   El Umbral
En varios aspectos se podría calificar la obra pictórica de Harvey Spencer Lewis como de simbolista, ya que en muchos de sus cuadros utiliza símbolos simples y universales, presentes en todas las culturas y tradiciones místicas del mundo.
En este caso nos encontramos con un símbolo al que el autor incluso dedicó varios escritos esotéricos dirigidos a los miembros de la AMORC, el símbolo del "umbral".
En esta obra, simple y luminosa, que posiblemente esté realizada en acuarela, el umbral nos invita a transitar por él y acceder al otro lado, donde se encuentra el reino paradisíaco de la naturaleza, del Ser Interno, de la comunión con lo auténtico y real. Un umbral estrecho, un tanto angosto, que sin embargo anuncia un nuevo mundo y otra realidad.
No sabemos si Spencer Lewis tuvo un modelo real para realizar esta obra, aunque es posible por ciertos detalles. No obstante la utilización simple y evocativa de los símbolos, la coloca entre una de las favoritas para muchos de los admiradores de sus cuadros.


                                                         The Forest (El Bosque)
 Como en otros casos, no sabemos la fecha de finalización de este cuadro, pero dada la simplicidad del tema escogido y su técnica, podría ser una de las primeras obras sobre lienzo que realizó H. Spencer Lewis.
Efectivamente, se nos muestra un típico paisaje otoñal, cuando los colores de la naturaleza comienzan a presentar sus tonos ocres, amarillos y rojizos, en este caso en un día nublado, pero apacible. La obra juega con la perspectiva, creando un sin fin de recovecos visuales en los que poder perderse con la imaginación.
Un pequeño riachuelo en el centro transcurre sosegado y nos invita a sentarnos en su orilla y disfrutar de la paz y la calma que impregnan la obra.


Orilla del Mar

                                                          El vendedor de libros
             
Esta obra fue realizada en 1934 probablemente en acuarela, técnica con la que al parecer H. Spencer Lewis se sentía cómodo, ya que la ha trabajado profusamente en sus obras, y se titula "El vendedor de libros Alemán" (The German Bookseller).
No sabemos dónde se sitúa la escena en concreto, aunque la arquitectura puede sugerir cualquier ciudad europea visitada por Lewis en sus numerosos viajes al viejo continente.

Acaba de amanecer y según el reloj que podemos apreciar en la calle son las 8:20h. Un poco más al fondo, el arco de medio punto sugiere el umbral (muy parecido a otro de sus cuadros) de un edificio religioso. La ausencia de gente ayuda a crear cierta quietud y paz en la escena.

Hay varios detalles que nos llaman la atención, comenzando por la grotesca forma del toldo y siguiendo con la posición de algunos libros sobre el caballete, los cuales sólo necesitan otro libro mal puesto para caer al suelo. Sin embargo, la mayor curiosidad de este cuadro la podemos encontrar en el propio protagonista... ¿dónde está su silla?

Su chaqueta azul a juego con su gorra denota que posiblemente se trate de algún personaje figurado a quien Lewis considera un Maestro espiritual o simplemente alguien relacionado con el mundo místico o esotérico. Algunos ha sugerido que podría tratarse del alemán Max Heindel, indicando simbólicamente que su conocimiento estaría sujeto sobre débiles soportes e incluso otros sugieren que podría tratarse de Rudolf Steiner, al que el vendedor se le parecería físicamente.

La inusual cercanía del libro a los ojos del protagonista indica que se trata de un libro de corte esotérico que el vendedor no quiere compartir con nadie o desea mantener al abrigo de miradas indiscretas, a pesar de estar leyéndolo en plena calle.


El observador atento podrá descubrir otros pequeños detalles en el cuadro que con toda seguridad no fueron dejados al azar por Lewis.


Bazar Árabe
Cuadro del Maestro Jesús pintado por H. Spencer Lewis



Cuadros del pintor Frater  Rosacruz: Nicomedes Gómez Sánchez

Nace en: Cartagena (España) 16 de noviembre de 1903.
Muere en: Persignan (Francia) 3 de agosto de 1983















                                            
                                               MAESTRO KUT-HU-MI  
                                                       EL ILUSTRE
                                         Amado Hierofante de la R+C
  







































NICOMEDES GÓMEZ SÁNCHEZ

Nicomedes Gómez Sánchez nació el 16 de noviembre de 1903 en Cartagena, en la calle de San Rafael, en el seno de una familia humilde, entrando a trabajar muy joven en la Constructora Naval. Simultáneamente se prepara para las oposiciones al Cuerpo de Auxiliares de Oficinas de la Armada y recibe clases de pintura del pintor local Andrés Barceló, en la Real Sociedad Económica de Amigos del País en la popular calle del Aire. En 1925 ingresa en la Armada y marcha a Madrid, donde continúa con sus estudios artísticos en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando. Destinado a Cartagena en 1927 se casa en la ciudad, pero regresa a Madrid, donde logra su primer premio artístico y colabora como dibujante y caricaturista en diversos medios informativos. En 1929 se celebra su primera exposición en Madrid, a la que siguen otras en Tánger y Málaga. En 1935 trabajaba por la mañana en el Servicio Histórico de la Marina y por la tarde cómo secretario del director del Museo Naval.
Al estallar la Guerra Civil combate como oficial del Ejército del Aire del Gobierno de la República hasta el final de la contienda, pasando a Francia en 1939, donde tras los terribles campos de concentración de refugiados, se queda a vivir allí trabajando en el "Studio Guy" de Perpignan, donde ya en 1941 presenta una exposición y realiza el retrato del Mariscal Petain, jefe del Estado Francés y más adelante hará otro, tras la liberación del país, del general De Gaulle. En 1948 contrae nuevo matrimonio con la fotógrafa Matilde Sbille y se instalan en Pau, donde tienen un estudio de fotografía "Portrait d'art Gómez". Poco a poco se va abriendo camino en el mundo artístico del sur de Francia, donde realiza varias exposiciones.
En 1954 realiza la serie de "El Quijote" y en 1957 regresa del exilio por primera vez a Cartagena; en 1959 y quizá motivado por ese retorno, creó una colección de dibujos dedicados a la Semana Santa de su ciudad natal, realizando con ellos una exposición. El éxito de estas muestras atrajo la atención de los medios de comunicación galos acerca de su vida y su obra, grabándose en Cartagena sobre la Semana Santa un documental de la televisión francesa, que logra así una proyección internacional inaudita.
El reconocimiento de su obra se manifestó en numerosos premios y condecoraciones, y en nombramientos como el de Oficial de la Orden de las Palmas Académicas de Francia, Caballero de Primera Clase de la Orden del Mérito Naval de España, miembro de numerosas academias, etc...
Nicomedes Gómez desarrolló a través de toda su vida un gran sentimiento espiritual, el fue un gran místico, muy interesado por todo aquello que concierne a la evolución más profunda del ser humano.
Nicomedes Gómez perteneció a numerosas órdenes espirituales y esotéricas, entre ellas a la Masonería, a la Orden Martinista Tradicional (O.M.T.) pero sobre todo fue miembro de la Orden Rosacruz A.M.O.R.C. (Antigua y Mística Orden Rosae + Crucis); en sus pinturas esotéricas y espirituales está muy latente, como veremos, esa gran búsqueda trascendente.
En 1978 se le nombra Cartagenero del Año y se exponen por fin las ilustraciones del Quijote en la Comunidad de Murcia. En 1979 Nicomedes Gómez regresó definitivamente a vivir a Cartagena, el Ayuntamiento lo nombró Hijo Predilecto de la ciudad y el pintor donó a Cartagena la colección de "El Quijote".  Ya en la ciudad, nuestro sentido creador fomentaba atractivas tertulias (aún hoy recordadas con nostalgia) tanto en su casa de la Plaza del Rey n° 2, como en su café favorito, el del Casino de la Calle Mayor.
El 3 de agosto de 1983 se producía el fallecimiento de Nicomedes Gómez, recibiendo sepultura en el cementerio francés de Cambestany (Perpignan), finalizando así este apasionado ciclo de exilios y reencuentros, de idas y venidas, de tierras, palabras y pinturas.
                                                                        

                  Nicomedes Gómez Sánchez